El maltrato infantil es uno de los fenómenos que en la actualidad están saliendo a flote o están siendo un foco de preocupación de los gobiernos, las autoridades y sobre todo el sector salud. Además de esto, el maltrato infantil es uno de los más nefastos y abominables actos de agresión y violación de los derechos de ser humano en este caso de un infante más exactamente de una persona que no tiene la capacidad física y psicológica para poder defender y luchar por su integridad.
El maltrato infantil comprende diferentes categorías y las formas más comunes de presentarse son: el maltrato físico, el maltrato psicológico, el abuso sexual, la negligencia o descuido y maltrato social entre otros.
El abuso sexual a menores comprende contacto o interacciones en un niño y uno o varios adultos, cuando se utiliza para estimulación sexual del segundo o de otra persona, mediante engaño o fuerza física. El abuso sexual a menores tiene diferentes modalidades, entre ellas podemos distinguir: el acceso carnal (con penetración), actos sexuales (todo acto diferente al acceso carnal como: tocamientos, exhibicionismo, manipulación), corrupción (actos en presencia del niño que le induzca a prácticas sexuales) e inducción a la prostitución.
Como nos podemos dar cuenta, el niño está expuesto a varios delitos a la vez y lo más preocupante, es que a pesar de las campañas y políticas implementadas para la reducción de este tipo de delitos, el abuso sexual es una constante, en los informes en los medios de comunicación. Es más, estos actos van más allá de un maltrato o violación, si no que en varias oportunidades se ha culminado estos nefastos actos con el homicidio de los niños, trascendiendo de esta manera a un nivel mas critico de esta situación actual en Colombia. Más aun cuando los victimarios son personas muy cercanas de la víctima como lo es los mismos familiares incluyendo padres, padrastros, tíos, abuelos o amigos de la familia que cuentan con la confianza del círculo familiar.
Las diferencias sociales, el analfabetismo, la pobreza, la represión familiar, etc., son algunos de los factores que deterioran la calidad de vida de los niños. Sin embargo no son factores que determinan todos los casos de abuso sexual, que se presentan en nuestra sociedad, como hemos podido darnos cuenta a través de los medios de comunicación, el abuso sexual no son realidades propias de los pobres, ni de los desplazados en conflictos armados. Las clases sociales más favorecidas son igualmente víctimas de estos males.
Resulta complicado creer que una problemática semejante pueda terminarse de la noche a la mañana, ya que como se dijo al principio, existen diversidad de factores que conllevan a que esto se presente. Lo que sí es posible en este momento es que se continúe con la cultura de hablar o denunciar y que tanto las víctimas, las familias y la sociedad en general conozcan las consecuencias que acarrea el abuso sexual, consecuencias que pueden ser a corto, largo plazo y hasta secuelas irreparables para la victima que afectan su desarrollo físico, psicológico, sus relaciones sociales, sus relaciones personales, el ámbito académico, el ámbito familiar entre otros.
Yo creo que si cada persona de esta sociedad comprendiera y entendiera lo que significa un abuso de un menor y las consecuencias que este acarrea, se crearía una sociedad activa que luche en conjunto para prevenir este tipo de abusos. Es más, me atrevo a decir que al crearse una profunda sensibilización frente a esta problemática en cada familia habría una especie de vacuna preventiva para este mal o por lo menos se podría contar con la certeza de que si se presenta un abuso se recurran a estancia de ayuda y justicia por medio de la denuncia de este tipo de hechos, que en ultimas es lo primordial en este momento ya que a partir de ellas podríamos tener una visión más realista de la magnitud del problema y así se creen estrategias más eficaces para su manejo.
Lo que si hay que destacar es que a diferencia de hace muchísimos años (donde si se presentaba el abuso, ya que este no es un fenómeno nuevo), en la actualidad se ha ido perdiendo paulatinamente ese miedo que impedía a los menores o miembros de la familia hablar del tema o denunciar a los agresores. Se ha logrado una moderada concientización de la comunidad. El gobierno está apoyando a través de instituciones como el Instituto Colombiano De Bienestar Familiar y además se han creado políticas que tienen como fin el castigo a los abusadores y campañas de prevención.